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En la calle

Parcela donde atender las temáticas que, por ser de actualidad o interés coyunturales- no se ajustan a la periodicidad y protocolo académico de la revista, complementándola, y proponer nuevos temas a concretar en ediciones futuras de la revista.

Las crisis medievales: la primera crisis monetaria global

crisis-medievalesA fame, peste et bello liberanos Domine”  Anónimo.

Las Crisis medievales son un hecho histórico complejo y con múltiples causas que a veces se interpretan como consecuencias, y con consecuencias que se tienden a confundir como causas. El hecho es tan complicado que existen dificultades para establecer la causalidad y las relaciones entre los hechos. A esto se une una cierta carencia de documentación y una historiografía en ocasiones muy centrada en los aspectos más espectaculares (sin negarles la importancia) del conjunto de hechos que globalmente denominamos “crisis”, como puedan ser las pestes o los despoblamientos. He ha encontrado en la monetización de la sociedad un factor muy importante, así que le he dedicado una atención especial, basándome en el trabajo de Spufford y Le Goff. A diferencia de las crisis, donde hay diferentes explicaciones y se teoriza aún sobre ellas, existe cierto acuerdo sobre el ininterrumpido crecimiento en Europa durante los siglos XI- XII. Su inicio podemos fecharlo en época carolingia y finaliza con las crisis del siglo XIV- XV. “Salto hacía adelante” lo denomina Fossier (La Edad Media, II, 1988, pp. 262), centrado en un mayor aprovechamiento del suelo, tanto para obtener mayor rendimiento de éste (con las limitaciones técnicas existentes) como (sobre todo) en llevar a cabo nuevas roturaciones. “El mayor crecimiento de la superficie cultivada que ha experimentado nuestra sociedad desde los tiempos históricos” según Marc Bloch. Los progresos técnicos en agricultura son limitados, ya que el mayor rendimiento del caballo frente al buey se compensa por su fragilidad y precio. En general y salvo excepciones, la técnica medieval en industria y agricultura es la grecorromana. El molino de agua era ya conocido, pero hasta que no decreció el número de esclavos (en Europa en el siglo X), unido a lo irregular de los ríos mediterráneos en comparación con los atlánticos, permaneció como una mera curiosidad técnica. Guy Bois (La gran depresión medieval, 1991, pp 22) , define un “sistema técnico”1 para hablar del conjunto de novedades: Dominio de la energía, utillaje y formas de cultivo. Estos molinos, el de agua primero y posteriormente el de viento, liberaron suficiente mano de obra para dedicarla a nuevas labores agrícolas. En el utillaje Guy Bois habla de la “democratización del hierro” y la mejora de los instrumentos aratorios. 2 No se emplea ninguna nueva técnica extractiva, tan solo, y como ocurre con la agricultura, se amplia el número de minas, hornos y forjas. El crecimiento es extensivo. Los nuevos arados de vertedera, con tren delantero o cuchilla son más eficaces, sobre todo combinado con yugo de cuello o collar rígido para el caballo. En las técnicas de cultivo el barbecho era el protagonista, al combinar así la presencia en el ámbito rural de agricultura y ganadería, posibilitando pastos y estiércol para abono. La rotación de cultivos permitirá reducir ese periodo de inactividad. Sin embargo, no considera Guy Bois que se pueda hablar de “revolución técnica”, sino más bien de un largo proceso, y un proceso que desembocó en un bloqueo. A este bloqueo Jacques Le Goff otorga un carácter cultural3 basado en el estatismo de la sociedad medieval, y su horror a las novedades y a la idea de progreso. La innovación era un pecado, teniendo valor la transmisión de padres a hijos de técnicas y habilidades. Las innovaciones ponían en peligro (como así era) la estructura social.

Sumado un horror a la innovación, junto con necesidades crecientes de producción queda claro que la única salida era la reproducción del modelo de explotación ya conocido mientras quedara tierra disponible. Al estar las mejores tierras ya cultivadas, los rendimientos de las tierras recién puestas en explotación debían ser por fuerza ser inferiores.

A todo esto y como factores que se presentan unidos, se observa una gran expansión demográfica, que prácticamente triplico la población durante el periodo que hemos considerado de crecimiento. Pese a todo, considerado año a año es un aumento del 0,4%, que es porcentualmente bastante bajo; fue un crecimiento lento pero sostenido durante siglos y de ahí su efectividad. El factor principal es una nupcialidad temprana que alarga el período de fertilidad, porque los valores de mortandad continuaron siendo muy elevados. Se produjo también un desigual reparto de la población, siendo el crecimiento urbano mayor que el rural si nos atenemos a incremento de población. Paris poseía algunos miles de habitantes en el año 1.000 y cerca de 200.000 en el 1300, por ejemplo.

El siguiente cambio fundamental para explicar el crecimiento es la aparición de las actividades comerciales, que van a estar ligadas firmemente al crecimiento de los burgos. Aparición de mercados y ferias abastecidos también por la industrias urbanas. R. Fossier llama a las ferias “emblema de la edad media”4, Guy Bois señala la importancia del burgo5 como figura jurídica de nueva creación, citando a L. Musset: el burgo se define por un estatuto privilegiado: los hombres son libres, las tenencias tienen cargas menos pesadas y la transmisión de los bienes es más fácil. Aquí se ha de diferenciar el burgo del que se habla del definido por Pirenne que no es más que un punto fuerte desde el que dominar el territorio. El burgo “inicial” de Pirenne es sólo un campamento militar fortificado. Sin embargo, junto a la ciudad o al burgo aparecerá un burgo nuevo, adosado a éste buscando su protección, y que se rodeara de un vallado de madera. Pirenne hablará de que los habitantes del burgo original serán llamados castellani o castrenses, pero los del burgo nuevo serán llamados burgenses, de donde derivará burgueses. Esta idea de arrabales de ciudades y burgos es distinta a la de Guy Bois, que define el burgo como lo hizo Braudel, un paso intermedio entre el pueblo (rural) y la ciudad. El burgo posee actividad comercial y artesanal,y articula mercados y ferias proporcionados por pueblos y ferias de alrededor, en una red compuesta por aldeas/pueblos-burgos-ciudades. También es una creación señorial, que busca controlar la fiscalidad de esas ferias y mercados. Es decir, es una entidad política. Esta red de burgos se estableció entre el final del siglo X y el final del siglo XII.

El otro hecho histórico de fundamental importancia es la monetización de Europa. En esto se considera que la moneda es una resultante de unos procesos (como lo formuló Marc Bloch) , no una causa. Su existencia como instrumento económico, sin embargo, tendrá a su vez consecuencias por su mera existencia, como se explicará más adelante. En este tema se seguirá a Peter Spufford6 y a Jacques Le Goff7 en sus trabajos sobre la moneda en Europa. Durante la Alta Edad Media la sociedad empleaba muy poco la moneda. En la época carolingia la moneda existente era de gran valor, apta (en el siglo VIII) para gastos importantes, como la compra de tierras rústicas, aunque las rentas de esa tierra se percibían generalmente en especie, u ocasionalmente en servicios (Spufford, 1991, pp 37). En el siglo XIV será de uso cotidiano y familiar, empleada incluso por las clases bajas y los niños. En esos siglos se interioriza su uso habitual, lo que además supone en la sociedad una cierta capacidad de abstracción y de cálculo para su manejo habitual. Este sistema monetario fue muy diferente del sistema monetario antiguo. Se basó en la plata, y fue usualmente de poco valor, ya que el uso cotidiano para mercancías de escaso valor necesitaba de una moneda de características equivalente. La sociedad se transformó profundamente por el hecho de mercantilizarse y monetarizarse. Dice Johan Huizinga en su texto ya clásico “El periodo del verdadero feudalismo, en el que florece la caballería, se cierra ya en el siglo XIII. Lo que sigue es la etapa de la Edad Media en la que los factores dominantes en el Estado y en la sociedad son el poder mercantil de la burguesía y el poder financiero de los príncipes, que descansa en el anterior.” (Huizinga, J, 2010, p. 75). La evolución de la sociedad, una de cuyas consecuencias será su monetización, tendrá en esa dicha monetización un importante factor no tanto en provocar la crisis como en fijar sus características y expansión.

La falta de plata que había sido un obstáculo para el desarrollo del sistema monetario monometálico del periodo, se solventó con el descubrimiento y puesta en explotación de las minas de plata de Sajonia, cuyas extracciones y acuñaciones empiezan a ser importantes el año 990 (emisiones de pfennings de Adelaida-Otón)8 , pero también en Cerdeña y Bohemia. Durante el siglo se produce un espectacular aumento de la masa monetaria, con un lógico aumento también del número de cecas. Las redes comerciales acabarán distribuyendo la moneda por toda Europa, así como provocaran el florecimiento de burgos y ciudades con sus actividades mercantiles. El agotamiento de las minas y la huida de moneda de Europa para pagar las Cruzadas marcaría un declive en la cantidad de monedas, pero en el siglo XII vuelve a circular plata por Europa. El siguiente episodio de entrada de moneda se produce por las minas de Freiberg y Friesach (1170-1230). Hasta el siglo XV se mantiene una constante producción de plata para moneda. En el final del siglo XII “Occidente entra sin avisar en una economía monetaria de producción, por tomar prestada una formulación keynesiana.” (Bois, Guy ,2000, p 36). Una consideración importante que se ha de hacer es pensar en el cambio social que se produce, en una sociedad cuyo fin último es la salvación, y no la plusvalía. Es un cambio enorme la mutación del par poderoso-débil (siglos IV-XIII) al nuevo rico-pobre (XIII-XV) (Jacques Le Goff, 2012, p. 28), y la aparición de la usura y el crédito que devendrá en la creación del poder financiero. El siglo XIII es así llamado el siglo de la “revolución comercial”, por la abundancia de dinero circulante y las actividades comerciales y financieras en las ciudades. La edificación de las grandes obras de la Edad Media, las grandes catedrales góticas sólo fue posible en ese clima efervescente. Con todo, Jacques Le Goff afirma que una de las razones del no-despegue económico de la Edad Media fue, junto con las cruzadas y la fragmentación monetaria, el coste de las catedrales (2012, p. 54). A esto se añadiría el coste de la “nueva guerra” bajomedieval. Parte de las obras públicas se finalizaron a crédito. No es tan distinto el fenómeno que el que ocurre en algunas ciudades ahora mismo, con ciertas obras emblemáticas que endeudan las arcas municipales. Las obras públicas, y más estas tan onerosas como catedrales, palacios o murallas exigían una capacidad impositiva que las ciudades obtuvieron del poder señorial o del creciente poder real. Lo impopular de esas medidas produjo que se prefiriera pedir crédito antes que elevar el nivel impositivo (una vez más una situación que se puede encontrar en la actualidad).

En la circulación del dinero hay un factor naciente de gran importancia: la formación del Estado, que se configura principalmente en base a la fiscalidad. Estos mecanismos fiscales se desarrollaron en Europa durante el siglo XIII, procediendo también a la necesaria unificación monetaria. En el caso de Francia se produce una acuñación en oro y también de plata de gran valor libratorio por parte de Luis IX en 1266, acuñación ésta prohibida a los barones, lo que refuerza la prerrogativa real. Existirá también una progresiva aceptación del crédito, que pasa de ser un horrendo pecado a algo cuanto menos tolerado, durante los siglos XIII, XIV y XV. La misma Iglesia ofrece un cambio doctrinal para permitir el sistema financiero: la invención del purgatorio, morada del usurero en tránsito (en lugar del Infierno). El espíritu de lucro ya no va a condenar directamente, sino que sitúa al financiero en un lugar neutro y por determinar, no en la directa condenación al fuego eterno del siglo anterior. La fuerza del dinero y la necesidad de que los que se dedican al mundo financiero no sean unos parias cambiará la idea medieval del avaro “maldito”.

Por fijar una cronología: durante aproximadamente el año 1300 se llega a un tope demográfico en casi todos los países, que será un descenso claro de población en las hambres de 1315-1317. Las roturaciones habían finalizado en los años 1240-1250: fin del límite máximo del ecosistema rural medieval. La circulación de mercancías tiene hasta 1310 un valor triple del que tendrá entre 1310 y 1360. El periodo de beligerancia militar continuada empieza también en 1294. Habiendo diferencias regionales, el cambio de tendencia en una Europa que ya estaba monetizada y con crédito y mercancías fluyendo entre los diferentes territorios, reinos y ciudades, fue casi simultáneo.

Hasta ese momento el crecimiento era ininterrumpido prácticamente desde el siglo X. Sin embargo, el fin del “modelo medieval de producción” estaba ya próximo y su fin era inevitable. El campesino del 1300 es propietario de una pequeña parcela de terreno y sobrevive a duras penas complementando su explotación con trabajo para el señor u otro propietario. Hay testimonio de campesinos endeudados para poder mantener su tierra. La caída de la actividad agraria tiene como como consecuencia directa la caída del resto de consumos. En una economía monetaria de repente todos los sectores se ven afectados. En una economía más débilmente monetizada,y por ende menos interconectada, una crisis de este tipo hubiera causado algunas hambrunas locales, con mayor o menor intensidad, que hubieran provocado una caída demográfica que a su vez hubiera colocado la población en un nivel soportable por el campo y su nivel de producción.

En esta sociedad en la que campo y ciudad están ya relacionados, los campesinos emigraran las ciudades, causando superpoblación en ellas en un ambiente de hambre, miseria y hacinamiento. No parece casual en estas circunstancias la aparición y virulencia de epidemias como las que asolaron Europa en este periodo (Peste Negra en 1348). Una población con defensas mermadas y en condiciones higiénicas muy malas, es mucho más susceptible de caer enferma, y una vez empezado el contagio, de que la epidemia se transmita con mayor ferocidad y rapidez. Tampoco hubiera tenido la expansión que tuvo la peste si no hubieran existido las eficaces redes comerciales del periodo.

La nobleza también se ve afectada por la crisis. El hecho mismo de una clase campesina fuerte y estable había provocado ya un estancamiento de las rentas señoriales, ante la resistencia de un campesinado fuerte. Sin embargo la puesta en producción de más terrenos había compensado esa caída de las rentas. Con la caída de las rentas durante la crisis, gran parte de la pequeña nobleza tuvo que endeudarse para mantener su nivel de vida. Los príncipes tenían a su vez que hacer frente las necesidades de un estado creciente y económicamente exigente (sobre todo en la guerra), así que también recurrieron al endeudamiento. Para la nobleza con problemas financieros, la guerra era modo de adquirir ingresos, con botines, dádivas y privilegios reales y con el rescate de caballeros capturados por los que se percibían cuantiosos rescates, dependiendo de la categoría del capturado. Como es obvio, la guerra con los prolongados y costosos conflictos bajomedievales, con las primeras armas de fuego que ya anunciaban a la guerra moderna, con su necesidad de mantener fuertes contingentes de infantería, con sus consecuencias de aldeas arrasadas, campos destruidos, pillaje de las tropas al depender mucho del terreno para su sustento, políticas de “tierra quemada”, fueron letales para la economía de las zonas en las que se desarrollaban las operaciones, pero también para el resto de los reinos por el creciente nivel impositivo.

En el aspecto rural, el crecimiento había sido cuantitativo. Más roturaciones para abastecer a más población. A su vez, los terrenos “nuevos” son peores que los que ya se explotaban, con lo que los rendimientos obtenidos van a ser también inferiores. Fossier (1988, pp 46-102) hablará también sobre conflictos con los ganaderos por las tierras disponibles para pastos, llegándose incluso a cercar terrenos para pastos sobre antiguos terrenos cultivados (esto ocurrirá extensamente durante la crisis). De algún modo las dimensiones máximas de este modelo de producción eran las de la tierra que se podía ocupar, y no más. Es cierto que en el mundo flamenco o en el Milanesado se produce una alta tasa de industrialización y un basculamiento hacia la ganadería, pero son especiales circunstancias locales; del mismo modo que la periferia europea no había agotado sus tierras roturables (la España de la reconquista es buena muestra). El modelo estaba agotado por su misma concepción como sistema cuyo único crecimiento era cuantitativo, y no cualitativo. No había una idea de “progreso”, sino un bloqueo. A este bloqueo Jacques Le Goff otorga un caracter cultural basado en el estatismo de la sociedad medieval, y su horror a las novedades y a la idea de progreso. El hombre medieval temía el progreso y encontraba confort en la tradición. Aunque sea una simplificación , el horror al progreso sumado a una economía monetaria causará una catástrofe.

La gota que colmó el vaso e hizo entrar en desequilibrio un sistema inestable fueron las malas cosechas de los años 1314 y 1315. Ante estas malas cosechas escasea el grano y enseguida llega el hambre, causada por un desigual reparto de la población y la insuficiencia comercial que permitiera transportar alimentos de una zona con algún excedente a otra deficitaria. Se produce un descenso demográfico, y aunque después se vuelvan a recoger buenas cosechas, la situación de endeudamiento hace que el declive sea ya imparable. El retroceso del espacio cultivado es importantísimo, así como los abandonos de pueblos (aunque estos hayan sido exagerados en ocasiones). En general los espacios abandonados, tanto hablando de espacios cultivados como de aldeas y pueblos, fueron los últimos que habían sido ocupados, y no tanto pueblos y ciudades más antiguos. Es de tal magnitud el retroceso que no se explica sólo por la crisis demográfica (falta de mano de obra que pueda cultivarlos), sino que existió una migración a las ciudades en busca de oportunidades. El abandono de espacios cultivados lo sitúa Bois entre el 35 y el 60%. Fossier (1988, pp 75-78) llama la atención sobre el hecho de que los salarios no bajaron, al disminuir la oferta (y aumentar su movilidad) de mano de obra por la caída demográfica. El campo irá poco a poco cambiando para adaptarse a las nuevas circunstancias: el incremento de la presión fiscal y también la nueva fiscalidad estatal. Se irá pasando del barbecho-cultivo y una ganadería asociada a; en algunas zonas primero (“islotes de intensificación”) en los que el barbecho se sustituía por plantas forrajeras o industriales, y también a un incremento porcentual de la ganadería. Alrededor de las grandes ciudades se crea un hinterland lechero y de huerta para su abastecimiento.

La caída de la población en las ciudades es también muy importante. Florencia pasó de 25.000 “fuegos” (unidad familiar de cuatro o cinco personas) en 1338 a 9.800 en 1417. Valencia permaneció bajo dominación musulmana hasta 1238, no participó en el vertiginoso crecimiento El hecho de que Valencia creciera en el siglo XIV mientras el resto de Europa se hundía se explica por haber estado antes en un reino musulmán, separado de la maquinaria feudal que era la que crecía rápidamente. Es una prueba más de que la crisis fue global en un mundo monetizado e interconectado el hecho de que no afectara a zonas separadas, que sin embargo, sí estaban afectadas por pestes y “malas cosechas”. De hecho Valencia creció a partir de las migraciones de los territorios cristianos afectados. Fossier (1988, pp 84-85) va a hablar, sin embargo, de incremento de habitantes en algunas ciudades pero se trata de las más grandes, y se pueblan en detrimento de otras que pierden población. Hay una canibalización del territorio.

El papel de las pestes, con sus variantes y rebrotes (lo que las podría calificar de endémicas durante algunos periodos) añade otra variable compleja al estudio del periodo. Al caer gran parte de la población en la miseria, con intensa migración de campesinos a las ciudades, algunos de ellos sin posibilidad de encontrar trabajo, se producirá una proletarización del campesinado. Como decía antes, hacinamiento y hambre (es decir, defensas bajas) parecen el caldo de cultivo perfecto para las epidemias y pestes de todo tipo. Una población en malas condiciones sanitarias donde los contagios, nacidos de la inevitable promiscuidad, serían rápidos y letales. Tradicionalmente las pestes se han considerado una causa, pero estrictamente son una consecuencia de la crisis, que agravará más su desenlace. Este pauperización como causa es defendida por la historiografía marxista, entre la que se incluye a Guy Bois9.

La Peste Negra, la más conocida de las epidemias englobadas como “pestes” aparece en 1347 en Europa y causa una mortandad sin precedentes. Ésta enfermedad vino de oriente siguiendo los itinerarios mercantiles mediterráneos. Es obvio suponer que en las más estática Alta Edad Media su difusión hubiera sido más lenta, o quizá no se hubiera producido en absoluto. La más dinámica Baja Edad Media, con su mayor movimiento de población y comercio facilitó enormemente la difusión de las epidemias. La Peste Negra, que se propagaba por la picadura de unas pulgas que vivían en la rata negra (la más extendida en Europa en la Edad Media), se presentaba de dos modos: bubónica o pulmonar. Ambas causaban la muerte en un gran porcentaje de los afectados, sin que existiera cura alguna. Las perdidas humanas se calculan entre un 30%-40% de la población total de Europa. Unos 25 millones de muertos en su totalidad, hasta el ultimo rebrote virulento de 1490. A esto hay que sumar los efectos de las enfermedades endémicas (viruela, tifus, sarampión, tuberculosis, etc) sobre una población con las defensas bajas por la mala nutrición y en muchas ocasiones hacinada tras los muros de las ciudades. Sin embargo, las pestes fueron transversales a todos los estamentos, muriendo por igual nobles, plebeyos e incluso reyes (Alfonso XI de Castilla, Juana II de Navarra y Margarita de Luxemburgo, reina consorte húngara esposa de Luis I). Esto no desmiente, sin embargo, en mi opinión, la teoría de la pobreza como causa de la alta incidencia de las epidemias, como hace algún historiador (Fossier entre ellos), sino que la complementa: Cuanta más población pauperizada estuviera contagiada, más posibilidades tenían los nobles y el clero de contagiarse y morir a causa de las pestes. Non solum sed etiam. Parecería que muchas veces se hacen interpretaciones unívocas de problemas complejos e interconectados, como es el de las pestes. Las pestes se cebaron mayoritariamente con la población infantil, sobre todo tras la primera epidemia. Los sobrevivientes se podrían haber inmunizado, de un modo u otro y los niños llegaban sin defensas a un mundo aún con altas posibilidades de contagio, con los distintos rebrotes que surgieron de cada epidemia. La natalidad siguió siendo muy alta pero la mayor parte de los niños morían, lo que produjo el inevitable envejecimiento de la población. Tras las epidemias “globales” , los siguientes rebrotes tomaron la forma ya de epidemias más o menos regionales y no tan brutales como las primeras manifestaciones.

El efecto psicológico de las epidemias fue muy fuerte. El desmoronamiento social inevitable. Las procesiones de flagelantes y otras formas de religión extrema fueron condenadas por el papa Clemente VI en 1349), la presencia de la Muerte en todos los aspectos del la vida, el concepto de la “Rueda de la Fortuna”, etc. La “democratización” de la muerte, que afecta etc. Huizinga (2010, p 161) expresa su opinión de que la sociedad estamental era tolerable por la clase más oprimida por el hecho de ser la vida terrenal un tránsito breve hacia la vida eterna. Una vez muertos, nobles y plebeyos, ricos y pobres se encontraban en el democrático juicio final, donde todos iba a ser iguales. La desigualdad de la sociedad estamental se mantiene sólo durante ese breve tránsito que es la vida terrenal. Esta idea que se refuerza con lo indiscriminado de las pestes, no será suficiente para evitar las revueltas antiseñoriales. De hecho la peste endureció las relaciones entre nobles y campesinos. La mano de obra escasa y con mayor movilidad para desplazarse donde más trabajo o mejores condiciones hubiera, daba mayor poder a los campesinos, obligando a la nobleza a imponer medidas contra el aumento de los salarios, incluso con trabajo obligatorio. Así, la antigua pasividad se traducirá en conflictividad social. La Jacquerie francesa se producirá nueve años después de la peste, en 1358, y tienen un caracter antiseñorial, más que de búsqueda por alcanzar un objetivo social o económico específico. A su vez la nobleza deja de cumplir su papel feudal de protección de sus siervos, con lo que el vínculo feudal se va a resentir también. De alguna manera las turbulencias del período van a colocar bajo presión el “contrato social” feudal. La nobleza, atacada también por las pestes (es larga la lista de señores muertos por ella), sufre además la caída de la rentas nobiliarias (al haber menos población, lo que significa menos tierras tributando). Para conservar su nivel de ingresos aumentó la presión fiscal sobre sus dominios. También podían aumentar sus ingresos mediante el recurso a la guerra y el botín: conflictividad bélica, que unido a la conflictividad social creada por el hambre, los ya nombrados conflictos señoriales y la descomposición de los sectores productivos, componen un cuadro de desorden y violencia social y un escenario de guerra.

La guerra se puede asimilar en su análisis a la peste, en tanto en cuanto no es un factor causal de la crisis, pero juega un importante papel en ella, agravando sus consecuencias. La guerra bajomedieval ya no era la guerra que Huizinga llama “el ideal caballeresco”, donde “el arcángel es el antepasado de la caballería” (2010, p 87). La guerra bajomedieval anticipa ya lo que será la guerra moderna, tanto por su naturaleza , su duración y la magnitud de los “teatros de operaciones”. La existencia de un primer conflicto extendido y prolongado, tanto temporal como espacialmente: la Guerra de los Cien años, pero también la guerra civil castellana, con mayor mortandad; El uso mayoritario de la infantería (ejércitos más grandes), que vencerá a la caballería noble en Agincourt, las primeras armas de fuego,las políticas de “tierra quemada” (las célebres chevauchées inglesas en la guerra de los Cien Años) que devastaban los campos y mataban a los campesinos, todo ello compone un nuevo modo de hacer la guerra. Este nuevo modo de hacer la guerra es más dañino para la sociedad y la economía que aquel previo en el que los nobles guerreaban entre sí, y si eran capturados se les rescataba con sustanciosos rescates. Esto ocurría tanto que, de hecho, algunos nobles iban a la guerra con el propósito de tener un golpe de fortuna que les permitiera cobrar un gran rescate. La guerra se había hecho también, como la peste, transversal a los estamentos (salvo quizá el bajo clero). Y también, literalmente, los ejércitos en movimiento en muchas ocasiones eran vectores de difusión de epidemias además de la depredación que realizaban sobre los territorios por los que transitaban.

Los conflictos prolongados, como el citado caso de la Guerra de los Cien Años crean bandas de soldados que, en las inevitables paradas de las operaciones (muchos de ellos por falta de financiación de los príncipes), se dedican a vivir del terreno; o incluso al bandolerismo organizado. Unidos por un miembro de la pequeña nobleza o un simple jefe de armas convierten un castillo (abandonado o capturado por ellos mismos) para usarlo de punto fuerte desde el que realizar operaciones de bandidaje más o menos prolongadas. Una vez depredado el territorio circundante, la banda entera se desplaza a otro lugar para continuar. Bois llamará a esto “señorío bandolero”. Aún siendo una obra de
ficción, el film de 1985 “Flesh & Blood”10, ambientada en 1501, refleja bastante bien la idea de Bois al describir el “señorío bandolero”. La sociedad medieval anterior se ha descompuesto: las guerras prolongadas que efectúan los príncipes, con los ya mencionados predominio de la infantería y armas de fuego, son muy caras de sostener. Los príncipes recurrirán al crédito pero también a un aparato recaudatorio que será la primera estructura diferencial del naciente estado. Es cierto que la fiscalidad pública había nacido antes, en las ciudades, pero es por la necesidad bélica por la que el estado (el príncipe) se apodera de ella.

El gran conflicto “global” (de impacto semejante en el mundo conocido al de las guerras mundiales en el XX) del período de las crisis será la Guerra de los Cien años, que enfrentó a Inglaterra con Francia entre los años 1337 y 1453. Tuvo dos fases, una primera que culmina con el tratado de Calais de 1360 (pérdida de una gran parte del territorio francés, que se recupera en una segunda oleada bélica hasta 1380). Hasta 1410 habrá un periodo de calma relativa hasta las cruciales derrotas francesas de Agincourt (1415) y el tratado de Troyes, que repartía Francia entre un zona inglesa, Borgoña y el reino de Bourges. Será la época de Juana de Arco, y al final la reconquista de Normandia en 1450 y de Guyena en 1453 la que cerrará el conflicto. Conflictos no interrelacionados aparentemente, pero afectados por la guerra son las guerras dinásticas en la península y los conflictos entre las ciudades-estado italianas así como entre los territorios alemanes, en lucha por la corona imperial.

En 1272 se realizan las últimas convocatorias a las armas de un modo puramente feudal, donde cada ciudad, Señor e incluso establecimiento religioso proporcionaba un contingente de hombres de armas; para pasar a un ejercito asalariado. Se dio ya en las cruzadas de San Luis y en la cruzada aragonesa de 1285. Por la cuantía de lo percibido, en un principio se trataba más de una “indemnización por gastos” que de un salario. En el año 1300 aparecen los primeros contratos escritos en los que se especificaba el contenido del servicio, al principio camuflado bajo una apariencia feudal. ¿un primer paso para llegar a la condotta ?. Norman Housley11 pone como ejemplo el caso de Alfonso de Poitiers, que contrató los servicios de Hughes le Brun, conde de Angulema, junto con once caballeros, para su cruzada. Hugues recibió un salario en forma de renta hereditaria de seiscientas libras y un préstamo de cuatro mil libras. La aparición de formas más “comerciales” de hacer la guerra en Italia (incluidos los reyes angevinos de Napoles) , caso de los condottieri es producto de su menor vinculación al príncipe.

Producto de los nuevos modos de hacer la guerra, con gran desarrollo del arte de la fortificación, se produjo el hecho de que grandes ejércitos, ante la perspectiva de un largo asedio (para el que sería difícil contar con suministros suficientes) se volvían contra el blanco enemigo más sencillo: atacar y devastar aldeas, molinos, cultivos, etc. De esa manera se privaba económicamente al enemigo, con lo que se aseguraba que éste presentara batalla, una buena posición ante una negociación, o bien una rendición. Las chevauchées inglesas en la Guerra de los Cien Años son buen ejemplo de las devastaciones estratégicas, que iban más allá de una rápida razzía sobre el territorio enemigo. En 1355 el Principe Negro cabalgó desde Burdeos hasta el Mediterráneo para volver después, destruyendo unos 500 castillos, villas, ciudades y pueblos. Para detener esta devastación del reino los franceses presentaron batalla y perdieron en Crécy (1346) y Poitiers (1356)

La forma de hacer la guerra tuvo un punto de inflexión (en mi opinión) en la batalla de Courtrais (1302), donde la infantería flamenca, organizada en gremios bien organizados y bien pertrechados, venció al ejercito real, y también a la hasta ahora omnipotente caballería pesada noble. Las bajas en las filas de los caballeros, más de mil, también eran una novedad. En adelante muchos caballeros desmontaron para entrar en combate, como en Poitiers (1356), o los ingleses contra los escoceses (aprendiendo la lección de Bannockburn en 1314 ) en Dupplin Muir (1332) y Halidon Hill (1333). Había llegado lo que se conoció como “La revolución de la infantería”. Arqueros y piqueros no eran nobles, y aunque algunos fueran montados (en los ejércitos ingleses) , usaban caballos comunes y no grandes y costosos caballos de guerra. La guerra se volvió más sangrienta, ya que antes los caballeros esperaban ser tomados prisioneros y ser liberados por un rescate, pero en los combates cerrados de infantería de los siglos XIV y XV no había lugar para la piedad.

La guerra se basó entonces en mantener posiciones defensivas (ya detrás de los muros o de los “muros” de las formaciones de infantería (de los que el Wagenburg o carro de combate husita será la máxima expresión) cuando se luchaba con un ejercito

superior, al menos hasta la segunda década del XV, cuando las armas ofensivas volvieron a tener la iniciativa con la entrada en acción de la artillería12. Y el coste de los sitios era muy elevado. Según Clifford J. Rogers13, el coste de mantener el ejército de 23.000 hombres durante dos meses en el asedio a Tournai (1340) fue de 60.000 libras esterlinas sólo en salarios. Los ingresos anuales de la corona inglesa en la época eran de 30.000 a 40.000 libras. Bien es cierto que la peste negra hizo que el tamaño de los ejércitos disminuyera por pura disponibilidad de hombres, pero aún entonces subió el porcentaje de infantería montada (como la inglesa en la Guerra de los Cien Años), que aunque más barata que la caballería, era más cara que la infantería común. Este enorme coste se sufrago con nuevos impuestos y percepciones extraordinarias, que una vez instaurados no se retiraban. Al final del XIV los ingresos de las coronas habían aumentado, pese al descenso demográfico, especialmente de la Peste Negra.

Se ha hablado antes del coste de la guerra: Guy Bois cita a Preswitch14, quien evalúa en 750.000 libras los gastos de Eduardo I entre 1294 y 1298. Gran parte de los recursos económicos de los príncipes va a la guerra. Y estos gastos enormes tendrán consecuencias. La pesada fiscalidad que debe sostener el aparato bélico es un carga más sobre el campo, que unido a la devastación propia de la guerra en el teatro de operaciones, completa los factores que convergen en la depresión. El aumento de la presión fiscal coloca a muchas explotaciones rurales en la peligrosa zona de la no sostenibilidad económica, en un entorno que ya había sufrido los impactos de las epidemias, la caída de los precios del grano y la pérdida de población; y sólo se habían mantenido en precario por el debilitamiento del poder señorial ante la escasez de mano de obra. Los impuestos obraran un efecto desconocido hasta entonces: las explotaciones que sobrevivan se esforzarán en aumentar su productividad para poder satisfacer sus cargas fiscales. Así se explicaría el aumento de productividad agrario de la segunda mitad del siglo XV. Estos impuestos que se percibían en su mayor parte en el campo, acababan en las ciudades, ya que estas gozaban de exenciones fiscales, y era el lugar donde las clases privilegiadas (debilitadas o no) adquirían bienes, y donde las obras públicas (catedrales, murallas) absorbían gran parte del dinero recaudado por los impuestos. Y ya había sido citado antes Jacques Le Goff (2012, p. 54) diciendo que las catedrales , junto con el coste de la guerra y la fragmentación monetaria, fueron los tres factores que impidieron el despegue económico bajomedieval.

En la Europa del Este, la debilidad del poder del príncipe hace que se produzca una feudalización total, con sometimiento de los campesinos bajo régimen de prestación de corveas o incluso atándolos a la tierra (fenómeno este que se producirá también en la Cataluña vieja). En Inglaterra se producirá una gran revuelta antiseñorial en 1381 apenas se produzca el intento de dominación señorial. Ante este fracaso, la nobleza se volcará en dos nuevos modos de conseguir ingresos (que serán uno en realidad): la guerra y el acercamiento al príncipe. Esto conducirá inevitablemente al reforzamiento del Estado. Mención aparte merecen los nobles que conducen bandas de forajidos, hecho este que se ha tratado anteriormente en el apartado dedicado a la guerra.

Con este ambiente no es extraño encontrar las formas radicales de espiritualidad: procesiones de flagelantes, penitentes, las “danzas de la muerte”, etc. El ambiente general es de miedo colectivo ante la ira de Dios. En la ciudad de Valencia, ante la Peste de 1395 se ordenan prácticas devotas para aplacar la ira de Dios, según documento fechado en Valencia el 6 de Julio de 1395 y recogido por Agustín Rubio Vela (1979, p. 128):

“Item, lo dit consell, per placar la ira divina e obtenir d’aquesta relevació de la present plaga de mortaldat e acconseguir sanitat e prosperitat, volgué, atorgá e proveí que sia feta caritat e almoyna a pobres vergonyants en quantitat de XVI sous, ultra les altres caritats otorgades a fetes a persones mendicants…”

En otro documento, fechado el 14 de Julio el mismo Consell adopta medidas contra blasfemos, tahures y jugadores, al considerarlos una de las causas por las que Dios ha castigado a la ciudad. (Ibidem, p 129). La Iglesia debe vehicular la reacción ante la adversidad, y lo hace llevando la idea de la muerte, que guía la vida del cristiano. Hay una mayor presencia de la muerte en lo espiritual que coincide con la mayor presencia de la muerte en la vida real, por pestes, guerras y hambres.

La represión por parte de la iglesia conjuntamente con los fallos que de ella se perciben hacen que se levanten voces contra ella: Así saldrán figuras como Wycliff y Jan Hus, que anticipan las Reformas. La ejecución de Hus en 1415 llevará a las guerras husitas, lo que nos muestra lo interrelacionados que estaban estos todos estos factores.

Los grandes mercaderes urbanos eran quienes dominaban las ciudades medievales ya en el siglo XIII. Estos, formalmente eran parte del pueblo, al no formar parte de ningún estamento privilegiado: nobleza y clero; pero poseían un nivel económico y unas funciones políticas distintas de las del resto del pueblo llano. Las ciudades estaban dirigidas por una oligarquía de familias económicamente bien situadas y con estrechos lazos entre ellas. El mejor ejemplo de esto fue Italia, donde se unió un desarrollado patriciado urbano con una nobleza débil. Los príncipes, necesitados del dinero que les proporcionaban los mercaderes, les colocaron en un lugar preeminente en la sociedad, aunque aún por debajo de la nobleza.

La crisis golpeó al patriciado urbano más duramente aún que a la aristocracia. Los negocios se detuvieron ante unas rutas comerciales peligrosas e inestables, una inestabilidad monetaria y una demanda paralizada. Los alquileres de las viviendas urbanas o no se cobraban o se tuvieron que rebajar para mantenerlas ocupadas. Del mismo modo, el valor de los inmuebles cayó, al no estar nadie en disposición de adquirirlos. Los créditos concedidos ya no se podían pagar por la situación , así que hay un general hundimiento del patriciado urbano a partir de 1350-1360.

Del mismo modo que la nobleza intentó otras fuentes de financiación, los burgueses buscaron modos de sobrevivir. Uno de ellos era hacerse nobles, por vía matrimonial o por adquisición de un feudo. La mayoría, sin embargo, se va a aproximar al príncipe guiados por la expansión de su fiscalidad, y de los nuevos empleos que se abren con la creación del aún incipiente Estado. También se incorporaron a la justicia las élites urbanas: abogados, procuradores, jueces, etc. A la larga, el repliegue de las élites económicos en busca de la seguridad de trabajar para el Estado causará un estatismo social, ya que los más capacitados para hacer negocios se han convertido en “funcionarios”, lo cual retrasará la salida de la crisis. Simultáneamente, el hecho de convertirse en servidores del príncipe hará que se les vea también como opresores de clase y sean objetivo de las revueltas populares. La burguesía seguirá ocupando los puestos clave de la administración de las ciudades, pero en lugar de ser comerciantes o industriales, serán jueces u oficiales de finanzas del príncipe.

El pueblo llano comprende a su vez a tres sectores que se puede diferenciar por sus características: el proletariado urbano, los desposeídos y los campesinos. El primero de ellos corresponde a los trabajadores de la industria urbana gremial y también a pequeños propietarios. Organizados en “oficios” de algún modo consiguieron mitigar los efectos de la crisis mediante mecanismos de control de la producción y de control de entrada en los sectores productivos. Esto provocó que los mercaderes volcaran hacía una dispersa producción rural, que no estuviera tan reglamentada y controlada como la de los gremios urbanos. En una segunda clasificación, existía un proletariado urbano propiamente dicho que vivía de su trabajo de manera bastante precaria, al depender de la demanda de mano de obra. Es un trabajador poco cualificado, y ahí estaban incluidas mujeres y niños. Su paso al nivel de los desposeídos es rápido: basta quedarse sin trabajo un tiempo. Aquí deberíamos incluir también a los numerosos criados. Los desposeídos, los pobres, tenían hasta ahora un lugar en la edad media: la pobreza evangélica los hacía dignos de cierto reconocimiento. La crisis provocará el rechazo al pobre. Hasta ahora la sociedad podía estar en el límite de la subsistencia, pero estaba poco diferenciada: todos eran bastante pobres y nadie era muy rico (salvo en el caso de nobles). La escasa monetización de la sociedad hacía que nadie pudiera acumular muchas riquezas, y por lo tanto ésta estaba más repartida. Durante las crisis se produjo una movilidad de la población, que dejo de estar constituida por familias extensas, con amplios lazos de solidaridad, para estar constituida por la familia nuclear. En esa situación, el “otro” es ya un extraño. La nueva pobreza bajomedieval no sólo es mayor, sino que además es más dura. También estaban más afectados por las epidemias, y las hambrunas en ellos desembocaban inmediatamente en una gran mortandad, ya que además las redes de asistencia de la Iglesia se habían debilitado.

El recurso a la delincuencia de algunos de los más pobres tuvo como consecuencia directa una fuerte represión, que se realizo contra todos los pobres, y no solamente contra los delincuentes. Se incrementaron los cuerpos de seguridad, pese a que la población de las ciudades había disminuido, y las sanciones son mucho más severas de lo que lo eran anteriormente. Se veía en en los pobres una amenaza para la estabilidad social e incluso para la salud pública. Esto no cambiará y se mantendrá en la Edad Moderna, pero el cambio en el como se contempla la figura del menesteroso se produce durante las crisis bajomedievales.

A modo de Conclusión: las crisis medievales suponen el fin del modelo productivo medieval. Éste había agotado ya su potencial de crecimiento. El modelo había sido llevado ya a su límite, y bastaba un desajuste para que se produjera una catástrofe. Y esa catástrofe, en un mundo con moneda fue tan contagiosa como las pestes. Sin embargo, no sólo era una cuestión económica. El miedo al progreso medieval, con su santificación de la costumbre y de los usos tradicionales era una clara rémora para cambiar de modelo productivo hacía un sistema que anunciara el capitalismo. Las crisis destruyeron el sistema feudal y anticiparon la llegada del Estado Moderno, al concentrarse el poder en manos del príncipe, por lo que no estaría desencaminado llamar a las crisis también como “crisis del feudalismo”. La presencia de los soldados (y mercenarios) también se hizo habitual en la vida bajomedieval, la sociedad se ha hecho más violenta. El Renacimiento esconde bajo su aparente humanismo una sociedad más cruel con los pobres, y más desigual. La moneda ya va a ser corriente, con lo que conlleva de creación de desigualdades sociales, al poder acumularse riqueza sin límite. Las crisis supusieron también un triunfo de la irracionalidad, que se puede simbolizar con las procesiones de flagelantes.

Quizá, como afirma R. H. Hilton15, la crisis del feudalismo no fue una crisis de subsistencia, o una crisis causada por caída de los precios ; sino que su rasgo principal era una crisis de las relaciones entre las dos clases principales de la sociedad feudal, que había comenzado antes del colapso demográfico y continuo después, aunque con formas distintas. Es decir, la crisis del feudalismo había empezado ya con la caída de las rentas señoriales. En tal caso, ¿convendría hablar de crisis del feudalismo separándolo de las crisis de subsistencia? Creo que no, y que ambos son parte fundamental del complejo fenómeno denominado “Crisis medievales”.

1 Bois, Guy La gran depresión medieval ,2001 pp 22

2 Ibidem pp 22

3 LE GOFF, Jacques: La Civilización del Occidente Medieval, 1999

4 (1988), La Edad Media 2 : El despertar de Europa (950-1250) 5 Ibidem pp. 29

6 (1991) Dinero y moneda en la Europa medieval

7 (2012) La Edad Media y el dinero

8 Spufford 1991, p. 105

9 BOIS, Guy – Marxismo y Nueva Historia

10 Verhoeven, Paul : “Flesh & Blood” estrenada en España como “Los señores del Acero” , EEUU, Orion Pictures, 1985

11 en su colaboración La guerra en Europa. 1200 a 1320 , incluido en : Keen, Maurice et al. Historia de la guerra en la Edad Media, Madrid: Machado, 2005

12 Los cañones fueron empleados con cierta regularidad en los asedios a partir de la década de 1370 (segun R.L.C. Jones en Keen, Maurice et al. Historia de la guerra en la Edad Media)

13 en su colaboración La época de la guerra de los Cien años , incluido en : Keen, Maurice et al. Historia de la guerra en la Edad Media, Madrid: Machado, 2005

14 Prestwich, M: War, Politics and Finance, 1978, p. 271

15 En Una crisis en el feudalismo, contenido en: ASTON, T.H. Y PHILPIN, C.H.E El debate Brenner. Estructura de clases agraria y desarrollo económico en la Europa preindustrial, Barcelona: Crítica, 1988

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