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Justificación

 

Por lo que sabemos de las ciudades más antiguas que conocemos -Uruk, Ur, Lagaš, Eridu, todas ellas en Mesopotamia- su aparición va asociada a dos rasgos combinados de clara sofisticación del desarrollo de la humanidad: lo que podríamos denominar -con toda la cautela necesaria para evitar una simplificación excesiva- “los servicios”, es decir, aquellas actividades humanas no directamente dirigidas a la producción de bienes necesarios para la inmediata supervivencia de las personas, y la escritura como instrumento de registro y certificación de lo acordado entre ciudadanos -en relación fundamentalmente a la fragmentación y especialización de la actividad humana. La ciudad es, de este modo, el espacio de articulación de nuestra renuncia a la autarquía, a la independencia, a la pertenencia exclusiva a la familia, al clan, a la necesidad, a la animalidad, a la repetición de lo mismo…. y nuestra opción por la voluntad y el deseo, por la cooperación y lo compartido, por la construcción de lo imaginado y entrevisto, por la invención de lo nuevo. La ciudad es el lugar donde las costumbres pueden cambiar, sobre todo por la interacción con lo diferente y novedoso.

Fueron necesarios varios milenios para que se produjera en la antigua Atenas una nueva sofisticación en la estructuración de la reflexión humana que nos permitiera conceptualizar la vida de las personas como “la vida buena”, aquella encaminada a y guiada por “lo público” que nos constituye como ciudadanos. Y dos mil quinientos años después sigue sorprendiéndonos el no haber encontrado respuestas concluyentes y definitivas a todas aquellas cuestiones abiertas por nuestras maneras de concebir la vida en común. Olvidamos demasiado reiteradamente que lo fundamental es que nos hagamos esas preguntas, y no tanto el que no tengamos respuestas finales. El abandono de la práctica preguntona y de la insatisfacción por las respuestas -característica fundamental de nuestro alienado presente de pan y circo- ha sido fundamentalmente el producto de los sofisticados sistemas educativos -formales y no- con que hemos dotado a nuestras sociedades contemporáneas, que han conseguido -con un coste elevadísimo- incapacitarnos para la gestión de nuestras propias vidas, institucionalizadas por un sistema económico carcinomatoso.

Quiero pensar que hemos llegado al punto de inflexión necesario y que estamos en condiciones -de nuevo- en la historia de la humanidad de retomar con filo y puntería esas preguntas seminales en el contexto de la ciudad compartida y a reinventar. Disponemos de más información y de mejores instrumentos de gestión de la información que nunca antes; de la constatación veraz de que "La vida es la tarea del hombre en este mundo" (Hölderlin), y de que solo es nuestra. Al tajo.

 

Paco Marco

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Presentación de revista kult-ur

Ayer se presentó la revista kult-ur, en la que además de la presencia del vicerrector de cultura de la UJI se proyectaron dos videos, uno sobre la revista y su génesis, y otro en el que el coordinador del apartado "Ágora" del primer nº explica su visión del número y del proyecto. 

 

 

Las fotos de la presentación:

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Formulario para un nuevo urbanismo .Gilles Ivain

Nos aburrimos en la ciudad, ya no hay ningún templo del sol. Entre las piernas de las mujeres que pasan los dadaístas hubieran querido encontrar una llave inglesa y los surrealistas una copa de cristal. Esto se ha perdido. Sabemos leer en los rostros todas las promesas, último estado de la morfología. La poesía de los carteles ha durado veinte años. Nos aburrimos en la ciudad, tenemos que pringarnos para descubrir misterios todavía en los carteles de la calle, último estado del humor y de la poesía.

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Revista kultur, número 1

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